miércoles 23 de septiembre de 2009

Último día

Hoy ha sido mi último día con las "misionarias de la caridad". Por la mañana, en el desayuno me han cantado todos (a mí y a todos los que nos ibamos hoy) una canción muy graciosa que dice algo así como "we thank you, thank you, thank you (x3) from the heart; we love you, love you, love you (x3) from the heart; we'll miss you, miss you, miss you (x3) from the heart". Ha sido genial.

Esta noche ademas vamos todos a una discoteca (hay quien afirma que existen) todos juntos, como fiesta de despedida y aprovechando que mañana es el día libre de los voluntarios y no hay que madrugar.

Mañana volamos de Calcuta a Delhi, y de Delhi a Londres. Vamos a tomar algo a Trafalgar Square, y dormimos en casa de alguien (todavía por determinar). Al día siguiente vuelo a Alicante. Ahora me da pena irme... pero por otra parte, tengo tantas ganas de llegar a mi cuarto de baño!!

martes 22 de septiembre de 2009

Kolkata

Rickshaws en Calcuta.

Victoria Memorial.

Calcuta (Kolkata desde 2001) es el tercer núcleo urbano de la India, después de Delhi y Mumbai, con una población que ronda los 15 millones de habitantes. Se sitúa al oeste del país, sobre el delta del Ganges.

Una de las principales atracciones turísticas de la ciudad, es el "Victorial Memorial", un palacio dedicado a la reina Victoria que actualmente sirve de museo de la ciudad. Está situado en medio de un parque muy bonito. En general, la zona está muy bien cuidada. A los alrededores hay un planetario y un fuerte.

Todo queda a una distancia caminable desde Sudder St, donde están todos los hoteles y los voluntarios. En la misma Sudder St también está el Museo Indio, un gran edificio que contiene de todo, desde momias hasta mariposas disecadas.

Un poco más lejos a unos 8km, está el jardín botánico, que contiene el segundo árbol más grande del mundo. También se pueden dar paseos en barca, y visitar varios templos, el más famoso de los cuales, Kalighat, da nombre a una de las casas de la Madre Teresa, por situarse al lado de ésta. Kali-ghat está dedicado a la patrona de la ciudad, Kali.

Algo que diferencia a Kolkata del resto de la India, es que aquí todavía están permitidos los rickshaws "sin motor". Para entendernos, rickshaw es un cochecito ligero con dos ruedas que es arrastrado por un hombre que va a pie o en bici (bici-taxi). Por extensión del término, se llama así también a las "motocicletas con armazón" que se encuentran por todas partes. El primer rickshaw, el que implica que un hombre a pie tire del trasto, está prohibido en el resto de la India.

Hoy ha llegado una voluntaria nueva, se llama Barbara y es italiana. Entre otras cosas me ha contado que un día le dio por llorar (porque la India es dura, porque estaba sola, porque se sentía mal). Llegó un indio, que no hablaba inglés, y escribió una cosa en el móvil. Era el nombre de un medicamento para el resfriado! Creía que estaba llorando porque estaba enferma! No pudo hacer otra cosa que reír. Las indias no deben llorar nunca por pena, tal vez el único motivo realmente importante, que les hace sufrir, es la enfermedad.

domingo 20 de septiembre de 2009

Día del voluntario

Hoy ha sido mi segundo día de voluntariado. Tal vez porque es domingo, todo el mundo estaba cansado. A varias ancianas les ha dado por llorar desconsoladamente a lo largo de la mañana, sin motivo aparente (seguro que tienen mil motivos más que validos para hacerlo).

Después de lavar la ropa, les hemos estado dando masajes con aceite corporal (iniciativa propia). Aún temiendo parecer demasiado hipocondriaca y exagerada, he usado guantes para tocarlas. Casi todas las masajeaban sin ellos. Algunas "sisters" (las monjas) sí que usan guantes y mascarilla, otras no.

Una japonesa me ha explicado que en Japón ahora son vacaciones, que tal vez por eso hay tantos compatriotas suyos. También que la Madre Teresa es muy conocida allí, que se estudia en el colegio.

He descubierto que hay dos ingresadas a quienes sus respectivos maridos, en un ataque de celos, les derramaron ácido por encima, y las quemaron enteras. Una no tiene ojos, casi no tiene piel en la cara, parece una momia. La otra no se encuentra en mejores condiciones.

Una de las voluntarias con las que mejor me llevo se ha venido abajo esta tarde, en la "fiesta de los voluntarios". De "fiesta" tenía poco... limonada con galletitas, el cura Patrik charlando con nosotros, algunas canciones sobre lo bueno y único que es Dios acompañadas por una guitarra y una obra de teatro improvisada ilustrando un cuento sobre el "surrender" (entregarse a Dios, abandonarse para que sea él quien elija nuestro destino... el mismo tema lo estuvimos hablando con Amma, estará de moda...). Como iba diciendo, la chica esta, se ha venido abajo, lleva en Calcuta el mismo tiempo que yo, pero para ella era la primera vez en la India, y ha venido a parar a una de las ciudades más pobres, a hacer un voluntariado bastante duro. Ella es enfermera, y aquí se dedica a hacer curas de heridas que no van a cicatrizar (aquella de la pierna que hay que amputar). Viene para un mes, pero hoy se quería volver a España, dice que no aguanta, que no soporta ver a las enfermas, luego salir a la calle y encontrarse en medio de un basurero, y ver la pobreza que se ve cada día para ir a "trabajar". El calor, el ruido, los olores, los enfermos, los pobres, los niños, la basura... Se ha puesto a llorar y nos hemos ido unas cuantas a un lugar apartado a charlar. Todas están extremadamente conmocionadas, dicen que ahora valoran mucho más lo que tenemos en España, que es increíble cómo viven aquí, que no sabemos la suerte que tenemos, que cuando compren algo innecesario pensarán en los indios, que cómo Dios permite que sucedan estas injusticias, etc.

Lo que a mí me ha sorprendido no es que vivan con tan poco, sino que viviendo con tan poco sean felices (muchos) y no me roben. Por que no me atracan? Si saben que yo tengo dinero en mi cartera, si saben que si me lo quitan para mí ese dinero perdido no va a significar nada, si saben que es injusto que yo, por haber nacido en un país rico, pueda viajar, y ellos no... Siendo conscientes de todo eso... por qué no me roban? Yo probablemente robaría si estuviera en su lugar. En América Latina te matan por un Rólex. Pero aquí no. Parece que son pobres, lo aceptan, e intentar ser felices. Eso es lo que más me ha impactado del viaje.

sábado 19 de septiembre de 2009

Madre Teresa de Calcuta

Rincones de Calcuta.
Estación de tren al lado de Pren Dam.

Ayer fuimos a inscribirnos como voluntarias a la casa de Madre Teresa de Calcuta. Sudder St está lleno de españoles que son voluntarios allí, de hecho, casi todos los voluntarios son españoles o japoneses (por alguna extraña razón). La inmensa mayoría, va a comer al Blue Sky, un restaurante con comida occidental, donde les hemos conocido.

Nos han explicado que en la fundación de Las Misionarias de la Caridad en Calcuta, hay varias “casas” de voluntariado. Las más famosas son dos, Kalighat y Pren Dam, que tratan con personas mayores, moribundas, también son las mas “duras”. Luego hay otras que son con niños, otras sólo para mujeres, etc. El horario, según la casa, podía ser de mañana, de tarde, o mañana y tarde. Cada uno puede elegir dónde ir y cuándo. Maribel quería estar con niños, como en Hampi y por la tarde. A mí me apetecía probar algo diferente e ir por la mañana, así que vamos a coincidir solamente para la cena. Me he registrado en Pren Dam.

Entre otras normas de la ONG, está la de no comulgar en misa si no eres católico. Nos contaron que había pasado ya que los japoneses iban a por la hostia y no sabiendo qué hacer con ella, se la metían en el bolsillo del vaquero. Jajaja

Fuimos a visitar la casa de la Madre Teresa, un convento donde está su habitación, su tumba, la capilla donde dan misa, y el museo. En el museo hay paneles contando su vida, álbum de fotos, su silla de ruedas, la tacita donde bebía agua, las agujas que usaron para hacerle análisis y un trocito del tubo que le ayudaba a respirar cuando ya no podía hacerlo por ella misma, entre otros muchos otros objetos personales.

Al día siguiente quedé con un par de españolitos para ir con ellos a “la casa de madre”, porque era mi primer día y no tenía ni idea de nada. Me levanté a las cinco de la mañana para ir a misa, que era de seis a siete. Las monjitas cantaban, estábamos sentados en el suelo, y todo era en inglés. Por lo demás, una misa normal.

A las siete hemos ido a desayunar a la sala de voluntarios. Plátano, té y pan de molde. A las ocho menos algo, por grupos, hemos ido caminando a las diferentes “casas”. La nuestra estaba a casi media hora, pero por un barrio muy “auténtico”, el que se ve en las fotos de la India de los reportajes que muestran la pobreza, pero una pobreza “digna”.

Nuestra “casa”, Pren Dam, acoge a hombres y mujeres ancianos y enfermos que encuentran por la calle. Son los más pobres entre los pobres. No solamente no tienen dinero (como todos), sino que tampoco tienen casa ni familia y son despreciados por el resto. Lo que se pretende es darles cariño y amor, estar con ellos y ayudarles a que mueran en mejores condiciones.

El centro se divide en dos zonas, una para hombres y otra para mujeres.

Una vez allí nadie te dice qué tienes que hacer. Nadie manda, tú ayudas como puedes. Los demás voluntarios, los que tienen un poco más de experiencia, te pueden indicar, hay unas rutinas que se siguen cada día. “Haz lo que veas que hacen los demás”, como los japoneses en misa, pero observando mejor.

Nos hemos puesto unos delantales y nos hemos unido a una gran cadena de lavado de ropa:

Paso número 1: Separar la ropa, la que tenía heces de la que no, y enjuagarla a manguerazos.
Paso número 2: Se mete la ropa en una pila y se limpia con desinfectante.
Paso número 3: Lavar con agua y jabón. Frotar.
Paso número 4: Primer enjuague.
Paso número 5: Segundo enjuague.
Paso número 6: Tercer enjuague.
Paso número 7: Escurrir la ropa y tenderla en la azotea.

Entre paso y paso se escurre la ropa en un largo banco de cemento. Yo he estado entre el paso 5 y el 6.

Cuando toda la ropa estaba lavada, hemos repartido el desayuno entre las mujeres ingresadas. Muchas no son capaces de comer solas, y hay que darle el plátano con la mano, o sujetarles el vaso de leche. Después se friega y se recoge. Se hacen las camas (se cagan mientras duermen, así que hay que cambiar las sábanas a diario) y se está con las ancianas (172 hoy por la mañana). Se les acompaña al lavabo, se charla con ellas (o “se hace como qué” porque ninguna habla inglés, aún si hablaras su idioma, apenas serían capaces de comunicarse contigo).

Hay dos plantas, en la planta baja están las que se encuentran en peores condiciones, las que no pueden apenas caminar, y en la primera las que están un poco mejor. Yo he estado casi todo el rato en la planta baja, sin saber muy bien qué hacer. Las he tocado y acariciado, pero hay una voluntaria, enfermera en España, que dice que no debo hacerlo, porque me pueden contagiar la sarna. Otras dicen que no pasa nada, y las tocan mucho siempre. Hay quien opina que es mejor usar guantes, y quien dice que el trato sería mucho más inhumano. No sé qué hacer. Después de estar con ellas y de hablar sobre esto, me picaba todo, pero era psicológico.

A media mañana tenemos un ratito para tomar té y galletas. En teoría son quince minutos, pero se alarga a media hora porque estamos de charreta.

Entre las voluntarias había tres estudiantes de medicina, tres enfermeras y una médica. Las enfermeras han estado la primera mitad de la mañana haciendo curas. Hay una ingresada que tiene una herida enorme en la pierna, que se le va extendiendo porque es diabética y está mal curada. Según ellas, la única solución ahora es amputar, pero esto no es un hospital, aquí no vienen enfermos a recuperarse, vienen ancianos a morir. Imagino que los medios para amputar existen (al estilo indio), pero no sé qué pasará.

Después del té hemos repartido la comida, y dado de comer a aquellas que no podían hacerlo solas. Hemos fregado los platos (de nuevo en cadena, otros cuatro pasos), y nos hemos ido.

He estado visitando el Victorial Memorial, el Planetario y una catedral por la tarde.

Maribel me ha contado que lo suyo es bastante fácil, que simplemente va a jugar con los niños, que hay varios grupos, según edades, que ella ha estado con los de dos-tres años.

jueves 17 de septiembre de 2009

Puri

Vendiendo el pescado.
Playa, barrio de pescadores.
Barrio de pescadores.
Patio de la casa del pescador donde comimos.

Último día en Puri

Desayunamos en "The Honey Bee", recomendación de Javier (por llamar de alguna manera al chico al que le compré anillos y collares para mi madre), un sitio muy "cuco" donde te servían pan integral y cosas occidentales como bacon, salchichas, porrige, cornflakes, etc. Además, tenían, oh oh, oh, SORPRESA! gazpacho! Lo definían como "cold spanish soup".

Fuimos a tomar "kashmir tea" (cardomomo, canela y té de kashmir) a la tienda de Javier. Le contamos cómo un hombre del barrio de pescadores nos había invitado en su casa a un chai, y nos había ofrecido cocinarnos al día siguiente pescado (a cambio de 300 rupias, más de lo que te piden en un restaurante). Como el barrio y la casa donde vivía nos impresionó mucho -por humilde-, le dijimos que sí, que volveríamos a comer. Javier afirmó que esa gente no era honesta, que siempre estaban intentando engañar a los turistas, que en realidad tenían más dinero que él, que se sabían todos los trucos para sacar dinero, enseñaban cómo pedir a los niños, cómo robar. Nos comentó que una mujer española, años atrás, les había construidos unos urinarios públicos. Seis meses después, cuando ella regresó al poblado, vio que los habían usado como trastero y seguían haciendo sus necesidades en el mar, como antes.

Fuimos de todas formas, porque ya le habíamos dado una señal y porque... bueno... porque no teníamos nada mejor que hacer. Javier no se equivocaba en nada. El hombrecillo estuvo todo el rato lamentándose, pidiéndonos dinero, diciendo lo pobre y desgraciado que era, que conocía a muchos turistas que le iban a mandar dinero, pero que el dinero nunca llegaba, que el tejado tenía que cambiarlo, que su mujer estaba enferma, que si le comprábamos algo, que si le dábamos más dinero, que si un regalito para su niña que me había pintado las uñas (de un rojo horrible que no quería, le dejé porque creía era YO quien le estaba haciendo un favor a ella dejándome hacer ese destrozo). El pescado frito no estaba muy allá, y las bebidas las tuvimos que pagar a parte.

Después de comer fui a Internet. Justo al lado había una mujer de unos 60 años, que por algún comentario que hizo, supe que era española. Tenía muchísimas ganas de hablar español (ella), así que estuvo contándome un poco su vida. Llevaba mucho tiempo viviendo en Puri, se había construido una casa. Era de Madrid, pero vivía en Barcelona, había viajado muchísimo por el mundo, había estudiado Bellas Artes y ahora se dedicaba a pintar, a hacer esculturas, y a reírse con los indios, que están todos locos, pero no más locos que ella (palabras suyas). Más tarde, ya con Maribel, volvimos al Internet café, y le propusimos venirse con nosotras a tomar un chai. Se vino con nosotras toda la tarde.

Descubrimos que ella era la pieza que nos faltaba para que toda la historia del pueblo cuadrara. Era ella la mujer de la que nos habló Javier esa mañana, la que había construido los urinarios. Era ella quien había enseñado las cuatro frases en español que sabía el chico de 19 años. Era ella quien había enseñado al cocinero de "The Honey Bee" a hacer gazpacho.

Kolkata (Calcuta, Calcutta)

El tren nos ha dejado esta mañana en Calcuta. Apenas hemos buscado hotel, y dormido. Toda la gente nos ha recomendado que vamos a Sudden St. Está llena de hoteles y de occidentales. Los precios están razonablemente bien.

Escondido en un callejón de Sudden St, hemos descubierto un sitio (nos habían hablado de él) donde sirven comida española e italiana (gambas al ajillo, arroz a la cubana, tortilla, pasta all'aglio e pepperoncino, flan de huevo, café bombón, ristretto, con panna...). Una maravilla. No sé el nombre, la gente lo conoce como "La taberna española".